Roma

No digas esas palabras, no tienes la idea de cómo me lastiman, cada una; las dos… poco a poco se instalan en mi, resquiebran los pedacitos de cordura y taladran, despacio, una a una, formando goteras inmensas que inundan mi destino; por favor, no digas esas letras, ni una… quédate en silencio, que aturdes una por una, las células del cuerpo; quédate en silencio, que a veces, cuenta más que todo. Por favor, no digas nada; no gesticules, no me veas, no me mires con esos ojos, quédate lejos, en quietud, con estática, fuera de mi, aléjate con tus versos espontáneos, que Roma en el espejo me es terrible y no soporto a los romanos de tanto corazón que quieren conquistar mi interior. Así que por favor, te lo pido y suplico con todo la neurosis de un escritor, no digas esas dos palabras con esas cinco letras, que Roma en el espejo me es terrible… silencio, por favor.

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