Entre cielo y mar

Las nubes entretejen fríos (aunque rojos) susurros
en el amanecer del bosque, el cual, no ha despertado
de su sueño insigne e impávido de nocturnas voces
mientras que el río, en el claroscuro del día que despierta
observa melancólico al cielo que no alcanza
y que es su vivo reflejo; el reflejo de todo ese azul,
de todo el viento, de todo su inmenso espectro…
más no es él, sólo es la imagen plateada de lo que quiere ser.

Por eso el río corre tan rápido como su tristeza
lo permite, tan veloz como su caída lo tolera,
escapando de lo que no puede ser, de lo que no
podrá nunca ser… pero no escapa; no vuela,
no se oculta porque aunque llegue al mar,
nunca dejará de ser el espejo del cielo ni todo lo
que quiere y ve pero no puede ser.
Por eso, al final del día, siempre está dual;
frío y duro en su superficie, cálido y líquido
en su interior, porque sabe que nunca se romperá
ese lazo que lo mantiene enfundando entre el cielo y el mar.

Arte por Quemas ( http://quemas.deviantart.com/ y http://www.flickr.com/photos/quemas/ )

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