El lobo. Parte 2.

2º Parte.

Mikel, el lobo.

– Adiós abuela – Le digo mientras desaparece en el cielo con la luz del día y mi sueño. Ella es buena aunque haya días en que no viene. Esos días de ausencia me gusta recordarla grande y brillante, como cuando la conocí de niño y me tomó a su cargo tras la muerte de mi madre, la gitana del pueblo. Antes de morir a manos de los hombres que la tomaron como un hereje, me entregó en un conjuro a la luna para poder descansar en paz. Así, en mi infancia, perdí la inocencia de un tajo mientras veía resguardado en el halo de luz fría de mi abuela, como entre fuego y piedras mi madre moría.

Con ese recuerdo grabado pasaron los años hasta lo que soy ahora. No soy un hombre, los odio. Tampoco soy un animal, conservo el cuerpo de humano; sólo soy un hijo de la luna que pide sangre por su madre. Sangre cálida y tierna de mujer que gota a gota me llevan a la promesa que me hizo mi abuela desde niño. La promesa que al juntar la sangre de todas las mujeres del pueblo que mató a su hija, ella volvería. Volvería en otro cuerpo, nunca más sería la que conocí pero estaría con nosotros; conmigo. Y por fin lo he conseguido, ya no hay mujeres en el pueblo, sólo hombres que escapan impávidos de su suerte, sin siquiera mirar atrás y llorar por sus mujeres. Ingratos, como lo fueron con mi madre.

Pero hay algo que me despierta en medio de la mañana; el ambiente huele a sangre todavía, sangre nueva y tierna. También a  fuego, a un fuego recién encendido, casi tibio; el viento lo restriega en mi cara y mis ojos se encienden, los aromas vienen en dirección del pueblo. Despierto y me alisto a ver quién está en mis dominios, todo desde mi escondite de pieles que me dan mi nombre entre los hombres, Volkodlak, el hombre lobo, el devorador de mujeres.

Llego a dónde detecto el aroma a fuego y sangre pero no hay nada más que pisadas suaves y ese ligero aroma a tierno que no detecto bien qué es. Pareciera ser dulce pero deja un ligero tono amargo y un poco salado,  sin llegar a ser molesto. Aunque de algo estoy seguro, es un humano y si es una mujer, tendrá que ser sacrificada antes de esta noche que vuelva mi abuela, que hoy está sedienta y será nuestro ritual que traerá de nuevo a mi madre, y lo que sea que esté aquí, servirá para ello.

De repente mi olfato y mi oído se agudizan, la sangre está más cerca y veo venir algo a lo lejos, es un humano; se ve pálido, casi cristalino, alto pero no más que yo y con fuego en su cabello, un fuego que despide aroma a juventud y suavidad pero no es como ellas, no. Es un joven pelirrojo. Rojo. Sangre.

Al instante siento mis pupilas dilatar, mi saliva escurrir, mis manos endurecerse y el tambor de mi pecho se agudiza al verlo. Es perfecto para el ritual, que es mi fuerza. Lo veo voltearse por la liebre que corre del otro lado y se cubre de nuevo sin darse por completo cuenta de que el Volkodlak lo acecha y lo sigue muy de cerca hasta esta noche donde todo cambiará.

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