Un sábado cualquiera…

Besas como todo un hombre casado

le digo justo después de que me besa al abrirle la puerta como le gusta, vistiendo sólo ropa interior y mirándolo a los ojos con esa mirada de puta ardida que la tengo bien entrenada.

Cállate y cojamos, que quiero partirte en dos como te gusta, cabrón

–  Tú sí hablas mi lenguaje – le digo mientras cierro la puerta del loft.

Apenas termino de decir esto y ya estoy contra la pared con las piernas levantadas rodeando su cintura. Como puedo le abro la camisa polo y se la voy sacando de su pantalón Dockers; literalmente estoy flotando entre sus brazos mientras me lame, besa y muerde del cuello al pecho. Le quito su playera como puedo y ya siento el picor de su vello rebajado en mi pecho ya rojo y excitado. “El Don” – como me gusta llamarlo – me avienta contra la cama y de inmediato se abre el pantalón y se lo baja con todo y esa ropa interior de señor, dejando ver su hermoso y viril cuerpo desnudo adornado por una semierección que escurre un poco de líquido seminal. No hago más que sentarme al borde de la cama y ayudarlo a conseguir la erección completa. Saboreo gota a gota sus fluidos mientras el arremete contra mi nuca para que me lo trague todo; como si fuera necesario.

Después de un rato de besos, lametones y orcajadas me quita de su miembro ya bien duro, y me pone boca abajo en la cama llevándose mi ropa interior de paso y abriéndome las nalgas, yo las levanto un poco para ayudarlo y sólo siento su boca bajar por mi espalda hasta el trasero que ya lo espera ardiendo. Su lengua recorre la curvatura de éstas y me hace soltar el primer gemido de la tarde. “¿De quién son estas nalgas, cabrón?”  me dice mientras me da palmadas en ellas, sin dejar de morderlas, – todas suyas, Don – le alcanzo a contestar sin mirarlo pero sin dejar de sentir y fingir un poco el placer que siento; al fin y al cabo siempre es lo mismo con el Don pero es lindo saber que con esto hago un mundo más feliz.

Finalmente me agarra de los muslos para llevarme al extremo de la cama, yo sólo lo veo de reojo para ver si ya trae puesto el condón y de pasada, hacerle cara de niño pervertido; él me responde con una sonrisa más intensa mientras golpea mi perineo con su miembro ya lubricado y adornado con un anillo para mantener la erección, yo no hago más que decirle – vamos Don, párteme en dos como dijiste – mientras sonrío y hago una mirada de borrego a medio morir.

Lo deja ir entero y siento un poco de dolor pero lo disfrazo de placer, no tengo tiempo más que media hora porque Julián ya me espera, así que debo de apresurar las cosas. Empieza a arremeter contra mi orificio y yo me pongo como gata en celo para provocar a lo que vino y que no tiene en su casa. En menos de 2 minutos ya siento sus bolas golpear las mías y no escucho más que guarradas salir de su boca, claro,  sino es que me está mordiendo la espalda o me da de nalgadas al por mayor. Así sigue un rato hasta que me empieza a doler pero lo disimulo, arqueó más la espalda y lo agarro de las manos y me incorporo como puedo para llevarlo frente a la pared de espejos. Ahora ya estamos a mano y no sólo me está dando sino yo me estoy dando también mientras me veo siendo cogido por el Don, que bien podría ser mi padre sino fuera que mi padre es medio calvo, gordo y desaliñado. Asco de imagen. Mejor sigo viéndome al espejo haciendo poses que resalten mis atributos pero sin mirarme a la cara desvelada, alcoholizada y marihuana que se me nota. Empiezo a realmente disfrutarlo como cada vez que me veo frente al espejo siendo domado por el Don y toda su virilidad de señor casado.  El saber que me prefiere y que casi me ruega por venir más de 1 vez a la semana me prende más y más, junto con el reflejo de mi cuerpo en el espejo.

Seguimos así por un buen rato hasta que se sale y me pone de rodillas, quiere que continué para que se le vuelva a parar bien firme y venirse sobre mí; ya lo conozco y por lo tanto sé que no es un chavo de mi edad pero es mejor fingir que no pasa nada hasta que todo parece venirse; sus bolas se encojen, se acelera su respiración y dice diálogos en inglés de películas porno. Se viene en mi cara y pecho mientras me jala ligeramente del cabello y grita como un loco.

Termina y se sienta en la cama, me mira complacido y todavía extasiado, no sé si por lo que acaba de hacer o por verme ahí; desnudo, sonrojado, sudado y lleno de su leche. Hace señas de que me acerque y me siento sobre él, me planta un beso y me pide que termine sobre él. Acelero las cosas por mi propia mano y termino llenando su cuello, pecho y estómago. Se restriega contra mí para fundir todos los fluidos y me carga hasta la regadera. Nos enjuagamos sin siquiera hablar; él sale primero y yo me quedo ahí sobándome el trasero rojo de tanto golpe.

Salgo y sé lo que me espera, voy al estante donde está la televisión y preparo mi cámara, él ya está listo, en pose de fisicoculturista vestido con mi ropa interior, puesto para su foto. Se la tomo e inmediatamente se la quita, dejándola en el piso. Le pregunto si no quiere recostarse un rato pero me dice que ya se tiene que ir; respiro profundo acostado en la cama mientras se viste rápidamente,  lo despido sin asomarme al pasillo mientras quedamos de nuevo para el miércoles. Me quedo tirado en el colchón y veo la hora; han pasado más de 45 minutos y ya no llego al cafecito, mejor le marco a Julián y decirle que voy muy tarde pero obvio, sin decirle que su papá me acaba de dejar vacío y con el hoyo adolorido.

Historias de Isaac  son un nuevo apartado. Isaac es como un alterego; es el guarro, el puerco, el sucio, el vicioso, el atascado. En resumidas cuentas, el cabrón hedonista que llevo dentro que sólo quiere gozar sin importar los demás y, muchas veces, sin importar él. De vez en cuando nos visitará, espero y les guste.

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