El Lobo. Parte 3.

El Lobo

3º Parte. El encuentro.


Tambores, tambores a lo lejos. No escucho más que tambores alrededor. Me he quedado dormido y el fuego está crepitando. Me despierto sin saber qué y está helando afuera. Tomo un leño encendido con una mano y con la otra las armas; la noche está oscura, aún para tener luna llena.

Más y más tambores salvajes suenan alrededor pero no alcanzo a ver nada más allá de unos cuantos metros. Saco la espada y avanzo a tientas entre el claro, que en noches como esta no puedo confiarme de la vista. Lo único que puedo detectar es almizcle; almizcle intenso y fuerte que me lo dice todo,  el Volkodlak está rondando. Yo sé que está aquí y él lo sabe mejor.

–          ¿Eres lo mejor que tiene tu pueblo, niñito? –

Escucho pero sin sentir el sonido, como si la voz habitara en mi mente. Me sobresalto y dejo caer el leño que se apaga al caer sobre el pasto húmedo por la escarcha. Ahora sólo la luna me alumbra.

–          ¿En serio, es lo mejor que pudieron hacer tus hombres? Mi abuela y yo lo agradecemos, niñito –

De nuevo ese sonido en mi cabeza y siento que la espada topa con un árbol, ya no estoy cerca del campamento sino me encuentro entrando al bosque. Me recargo en él tratando tranquilizar mi respiración y ansiedad. “¿Qué estoy haciendo?” es lo único que alcanzo a pensar cuando de pronto siento una respiración húmeda y cálida a mi lado. Una respiración que emana almizcle y sed.

Es el Volkodlak. Estoy petrificado y él lo sabe. Su mano toma firmemente mi cuello pero sin llegar a ahorcar. Manoteo pero es inútil, es mucho más fuerte; ahora está justo frente a mí y lo puedo ver bien; es más grande y alto que yo, corpulento y su piel destella cierta luz gris contra la luna. Es un hombre medio desnudo, cubierto de la cabeza hasta la cintura con piel de lobo y un aroma a tierra húmeda y a heno fresco. Es un hombre. Lo veo en sus ojos grises que entre la furia dejan ver tristeza y esa tristeza me observa fijamente. ¿Por qué no ataca? Sólo me ve y lentamente me arrodilla ante él.

De un momento a otro ya no hay voces ni tambores, sólo la mirada de ambos y la luna en nuestras cabezas esperando ver calladamente quién atacará.

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Nota: pequeño hiato en CaballosMetafóricos, me voy de viaje y regreso hasta el otro lunes. Disfruten lo que hay y si quieren algo, dejen en comentarios, se les leerá y serán bienvenidos.

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