Hoy no tengo ganas

1º Parte

-Hoy no tengo ganas- me dice con una sonrisa estúpida sin despegar la vista de la revista de moda que lleva entre las manos. Pero más estúpido yo por haberme comprado esta ropa interior leather nueva. Lo dejo tirado en la cama como vil bulto y entro al baño. Hoy no tengo ganas, a ver cuándo me dan ganas a mí de cogérmelo. Idiota.

Salgo del baño y lo veo ya dormido con la revista sobre el pecho. Son las 9pm y yo aquí, medio desnudo y empalmado con ganas de sexo. Enciendo a mi siempre fiel y caliente computadora y no hay nada nuevo, las páginas de siempre; sexo hetero, sexo gay, sexo en sus variaciones y desnudos de no sé quién. De pronto recuerdo esas viejas páginas de encuentros para conocer – y desconocer – a chicos. Y si… No, ese y si… no es viable; el muy idiota está en calidad de bulto pero es mi querido bulto. Pero… y si sí.

Me quedo un rato pensando pero no sé qué hacer, nunca fui bueno tratando de ligar por la red pero es lo más fácil de hacer. Lo quiero mucho, sí, pero no me da lo que necesito cuando yo lo necesito. No me da, y punto.

Googleo la página, sólo para tentar al destino, ¿qué tanto es tantito? Me digo por dentro; tal vez ni mi cuenta todavía esté disponible. Tecleo los datos y ¡bingo! La cuenta sigue ahí aún sin haber entrado por más de 1 año. Sudo frío desde el elástico del leather hasta la cabeza. Pinche zorro, digo entre labios pero esa emoción de lo prohibido me llena de adrenalina; actualizo fotos y veo el catálogo nuevo de hombres. Y si… sigo pensando sin hacer nada hasta que se escucha el sonar de una invitación a chat. Abro su perfil y me quedo de a 4. Es él. Él. El chico que siempre vi, que nunca me atreví a hablarle, que me encantaba, era él. 1.75m, bronceado, velludo, barbón, grande, musculoso sin exagerar y un dejo de pancita que lo hacía más antojable. Y sí, los años le habían caído bien.  Demonios.

Lo abro y empezamos a platicar. ¿Qué se te antoja, güerito? Me dice y pareciera que lo escucho susurrarlo al oído. El escalofrío aumenta y volteo a verlo en la cama, está tirado, totalmente knockeado. Coger, ¿y a ti? Lo tecleo sin pensar y contesta Excelente, tengo lugar. Aquí, en mi billar, tengo todo listo, ¿vienes?. MADRES.

¿Qué? ¿Así de pronto? ¿Así de fácil? Me quedo sin habla y sin teclear por segundos pero parecen minutos y sin querer, mi erección crece topando con el leather. Es él, el que siempre me ha encantado y ahora está aquí, a mis manos, sin decir ni pío.

Sí, ¿en dónde es y a qué hora? Le digo sin siquiera tragar saliva.

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