La noche

 

En la sórdida penumbra del día, mis manos desaparecen voluptuosas  de deseo.

Se van a volar, se van a correr, se van a perseguir mariposas.

Son unas diosas pecaminosas.

Unas hechiceras que halan poco a poco la noche desde mi sombra.

Todo entre la penumbra del día que desaparece ante mis ojos. La noche ha llegado.

Y ella me gusta. Me encanta.

Ella me persigue por el bosque y yo me dejo alcanzar.

Me toca y sé que ya no me pertenezco, sino todo lo contario.

Las máscaras desaparecen y todo se vuelve claro.

La noche me ha tocado.

La más negra de ellas.

Me ha tocado.

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