Recuerdos

Siempre que hacemos este juego recuerdo a su papá. Sí, todas las veces que lo he visto masturbarse frente a mí y observo cómo se divierte consigo mismo viéndome y viéndose en el espejo, me acuerdo de su padre. Su padre. Maldito viejo tan bueno. Mi viejo. Bueno, también suyo pero de manera diferente.

Y no crean que lo recuerdo porque se parezca o porque su pene es muy parecido, no; aunque debo de decir que el hijo le gana en medidas,  sino que su padre, El Don, fue a la primera persona que vi jalándosela por puro placer de verse jadear.

Fue ya hace unos añitos, éramos unos viles niños de primaria que todavía jugaban con monitos de acción en vez de verdaderos hombres de acción. Me había quedado con Julián un fin de semana mientras mis padres se iban a sus viajes, de los cuales, sigo deseando que no vuelvan. Desperté temprano porque había tomado demasiada agua en la noche y creo, había tenido la primera erección de pubertad y ustedes recuerdan cómo se siente eso: perturbador. O bueno, para mí lo fue. El hecho de despertar y tener el bulto parado y que no se bajaba ni para orinar era frustrante, ¡¿cómo demonios volvía a la normalidad?!

Decidí esperar en el baño sentado dentro de la tina esperando confundido a ver qué pasaba con mi coso y oí abrir la puerta. Quise gritar que estaba ahí pero no pude, o bueno, tal vez no quise. Recuerdo perfectamente; era él vestido con ropa deportiva toda mojada. Olía a sudor, a feromonas, a almizcle y sabrá el diablo qué más pero su aroma era (y sigue siendo) embriagante.

Ahí, sin poder decir ni querer decir nada, fui miembro de su propio rito de cogerse con la mirada. Se vio fijamente al espejo y se empezó a tocar por encima de la ropa. Su pecho, su cuello, sus pezones y su estómago para bajar a la entrepierna y tímidamente a los muslos y las nalgas. Se levantó la camisa húmeda y pude ver, también por vez primera, su pecho y abdomen definido lleno de vello liso que engalanaba la hombría del cabrón. Y para mi asombro y su poca pena, el Don se bajo de un jalón los shorts pesados y la dejo salir libre y ganosa de que la exprimieran.

Me quedé con la boca abierta y obviamente, mi erección menos bajaba pero pensaba que era por cualquier cosa menos que por ver a ese hombrezote desnudo… pobre idiota de mí. Siguió jalándosela despacio pero sin piedad con la mano derecha mientras su mano izquierda se paseaba por todo su cuerpo y olía su axila al mismo tiempo que hacía flexiones frente al espejo. Yo, sin más, seguía pendejo con la imagen; “¿por qué mi papá no estaba así?, ¿cómo le hacía para estar así?, ¿yo estaría así cuando creciera?” me preguntaba.

Mientras me decía eso en mi cabeza el Don se vino, callado pero fuerte, como ahora sé que le gusta. Echo toda su leche en el lavabo mientras cerraba los ojos y hacía gritos ahogados para no dejar escuchar su placer de cogerse con los ojos ante todos. Al mismo tiempo se recargaba con una mano en la pared y dejaba caer su saliva a su mano todavía llena de mecos jugosos.

Si antes estaba pendejo con la imagen ahora lo estaba más que nunca porque en mis estúpidos 11 años no había visto algo así pero desde ese momento supe que quería seguir viendo eso por mucho tiempo más.

¿Qué tanto piensas? – dice Julián mientras me ve a los ojos con su mirada marihuana y puerca de fin de semana.

– Que quiero cogerte; ven y pónmelas en la cara – le digo y se pone de espaldas sin siquiera darse cuenta que no lo veo porque pienso en su padre. “Pinche cabrón”.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s