Bestia

Todas las noches, mi hermosa bestia se relaja y deja de gruñir de deseo para convertirse en un minimo que se acurruca hasta dormir, y ya no hay peligro.

Nada más relajante para ella que ser acicalada justo en su punta y rodear su cabeza con mis cálidas manos hasta que poco a poco, su furia se haga una húmeda calma entre mis palmas y cae rendida entre mis piernas.

Así, casi todas las noches son ligeras en mi habitación hasta que de pronto despierte en medio de un sueño y quiera carne para devorar, pero para eso siempre están mis hábiles manos para sopezar sus penas.

Aunque a veces, después de 2, 3 intentos de despertar, la dejo ir libre para que recorra las calles en busca carne y se trague enteritos a los hombres que ve a su paso. No deja rastros y de manera cínica y encantadora, regresa a mi cama, entre mis piernas y al calor de mis manos.

Es ella. Mi bestia.

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