Hoy no tengo ganas

2º Parte

 

Son la 4a.m. pero siento como si hubieran sido días. Entro al departamento y aún después del baño improvisado, sigo sintiendo su aroma y el olor del lugar. Fue delicioso. Dejo las llaves y sin hacer ruido, entro al baño para observar algún rastro de lo ocurrido. Me veo al espejo y todavía no lo creo; estuve con él hasta hace unos minutos y fue maravilloso.

Me lavo la cara y cada vez que cierro los ojos, veo su cuerpo desnudo frente a mí. Y es que como no hacerlo. Sí, mi novio sigue en calidad de saco de papas en la cama pero la conciencia ya la borré de mí, o al menos, por una noche. Desde que lo ví llegar puntual, a las 22 con 30 no lo dudé, temblaba de nervios cuando estuvo ahí y más cuando yo estuve en él pero ya no era de temor ni de miedo, era un vaivén que se conjugaba con el placer de oírlo gemir sobre la mesa de billar, al lado del bar, sobre la barra y más aún: con más fuerza, como si fueran rugidos, durante la segunda vez.

Me odio porque lo hice pero me amo por lo mismo. Y odio más al cínico de mi pene que al recordarlo todo está de nuevo pidiendo batalla. Pero no se lo niego, el tipo, que sigo sin saber su nombre, siempre ha sido nuestro estilo. Completamente nuestro estilo.

Desde que subimos a la sala privada que tiene, sin decirnos nada más que las miradas, caí sin remedio. El frente a mí, sin ningún tapujo ni remordimiento, me quitó la ropa para besar, lamer y morder todo lo que encontrara en el camino. Yo me deje querer, cerrando los ojos sin saber qué pasaba y borrando poco a poco la memoria que tenía de mi novio. Todo hasta que lo sentí desnudo restregando su vello contra mí. Ese vello que llamaba a la perdición, a la cual ya había llegado desde que estacioné el carro.

Así como él lo hizo conmigo, devoré todo lo que había en su cuerpo, pero más profundo. Años de quererlo entre mi cuerpo y ni hacerme en su mundo y ahora estaba ahí, comiéndole lo más hondo de su ser y oyéndolo decir Así güerito, así, déjalo preparado para ti y otras guarradas que sólo me prendían más y hacían valer la pena la noche.

¡Y vaya que ha rendido la noche! Sin quererlo ni imaginarlo, ya estoy dándome placer sin piedad recordándolo ahora en el baño, ya sin tener miedo a ser escuchado y despertar a mi querido bulto que parece, ha despertado. Me asusto un poco porque lo veo llegar al baño y me ve ahí, empalmado, duro y ya jadeando. No se sorprende y se pone frente a mí Sorry querido, te he dejado desatendido y sin avisar se arrodilla frente a mí. Otra aventura ha empezado pero yo, hoy después de todo esto, ya no tengo ganas.

 

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