La reconciliación

Ese tipo de gente nunca será feliz.

Eso siempre decía mi padre mientras señalaba con desprecio a dos hombres que, obviamente, eran más que amigos. Ahora, ya grandecito y con la cara de Julián entre mis piernas, estoy seguro que al pobre nunca se la han mamado bien o le han apretado rico en su vida. Es más, no creo que sepa coger. Pero las frustraciones del viejo no me importan ahorita mientras siento la garganta de Julián en el glande y el juguetito que tenemos hasta al fondo de mi ser. Suspiro sin poder tragar saliva. !Qué delicia!

Es la primera vez que  lo hace (todo gracias a mis dotes de reconciliación, ya ven que la última vez no quedó muy feliz conmigo) y no puedo negar lo que siento en estos momentos, que al mismo tiempo que me hace suyo por los dos lados no puedo dejar de imaginar al Don por detrás, gritando guarradas en inglés y a su hijito Julián, adelante de mí meneándolo como bien sabe.

Es más, a veces cuando estoy solo, imagino que ellos dos están conmigo y los veo jugar entre sí, hurgando entre sus cuerpos casi hermanos, explorándose para ver si la herencia familiar les dio lo mismo o les cambió algo en el paquete (cosa que yo sé que es cierto, lástima que Juliancito sea tan pasivo). Que buscan y rebuscan entre sus partes y orificios mientras yo me wankeo con la experiencia de ver a la familia tan unida. ¡Qué bonita familia!

Pero ahí, nunca me dejan solo porque a uno le encanta el culo y al otro la verga que me cargo y después de estar uno encima del otro, vienen hacia mí, buscando pelea y claro que se las daré. Yo en medio de los dos, Juliancito probando lo mío y degustando a su padre por el frente y por detrás mientras el Don dedea a ambos sin piedad, dando nalgadas y diciendo, en un inglés con acento norteño these fucking hot asses!, oh my… y who is your daddy, boys? who is him, eh?! y ya no puedo más, me formo delante de mi Don y se las entrego mientras le meto completos mis 18cm al culito de Juliancito.

– Ya me cansé… métemela por favor –

– Deja el juguetito ahí y ven a ensartarte aquí – y obedece.

Por eso te quiero, Julián.

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