Gracia

¡Dios existe! Ahora lo sé y nadie me lo puede negar, Él se ha hecho presente ante mí y he visto su luz, su luz divina golpeando fuerte y sin pudor a este pobre pecador. En algún momento lo dudé pero Él siempre sabio ha encontrado el momento perfecto para mostrarse ante mí en un joven bendecido.

Desde que lo vi llegar acompañado de su madre me sentí como el hijo pródigo regresando a su padre; sus ojos  celestes, su boca delineada y nariz espigada, cabello castaño y ondulado y un cuerpo de hombre naciente con aroma a flores de azahar, todo él no era más la prueba del mismísimo Señor en plena gracia de amor.

 

– Claro que sí señora, será bien recibido aquí como acólito –

– Muchísimas gracias, padre, no sabe cómo se lo agradezco, este chico necesita una buena dirección… –

 

“Una buena dirección…”. Eso decía su madre mientras yo solo podía imaginar una; bendecirle con mi sabiduría y completar la tarea de mi señor. Bienvenido al rebaño, oveja descarriada, te haré todo un hombre de bien y vanagloriaré a mi señor por el momento de hacerme conocerte, obra bendita de Él.

 

– Ven conmigo, te enseñaré muchas cosas –

 

Le digo mientras el chico toma mi mano seguro y me observa con sus enormes ojos azules. Es la misma imagen de Él. ¡Gracias Señor!

 

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