Rojo

Rojo que te quiero rojo.
Rojo viento. Rojas armas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
él sueña en su baranda,
roja carne, pelo rojo,
con ojos de cálido oro.
Rojo que te quiero rojo.
Bajo la luna gitana,
las cosas le están mirando
y él no puede mirarlas.

 (…)

Rojo que te quiero rojo.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde…?
Él sigue en su baranda,
rojo carne, pelo rojo,
soñando en la mar amarga.

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada.

Rojo que te quiero rojo,
rojo viento, rojas armas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de anís y hiel salada.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está mi niño amargo?
¡Cuántas veces culminó!
¡Cuántas veces te esperó,
cara fresca, negro pelo,
en esta roja estancia!

*

Sobre el rostro del aljibe
se mecía el gitano.
Roja carne, pelo rojo,
con ojos de encendidas llamas.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche su puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos,
en la puerta golpeaban al verlo en la cama.
Rojo que te quiero rojo.
Rojo viento. Rojas armas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña esperando tu llegada.

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