Café rojo

Todos y cada uno de los chicos de las páginas de citas me ven; algunos, los más tímidos, sólo me observan, otros tantos me dan un guiño o mandan saludos; otros más quieren salir conmigo y no precisamente a tomar sino a menear el café. Todos y cada uno me pinche ven y me cojen con los ojos pero tú, tú ni tus luces para mí en este mundo, y eso que me tienes casi enfrente.

Todos los martes y jueves vengo religiosamente del trabajo a tomar café; salgo temprano para seguir con él y me siento en el mismo lugar para dejar crecer  mi dependencia al café, cada vez más insoportable, gracias a tí. Pero lo vale, nada más sea por verte en el mostrador, ir a tu lugar allá fuera, prender un cigarrillo y trabajar desde tu tablet; siempre enfundado en ropa que te hace ver aún más hermoso, al menos para mí.

No me importa mucho si estás solo, si están tus amigos horribles, que te hacen ver como El Nacimiento de Venus en hombre, o si vienes con familia. Sé que eres casado, el anillo te delata, tienes 2 niños, uno muy parecido a ti, con tu mismo nombre, Óscar y otra cosa además, eres pelirrojo. También sé que te gusta el café cargado y los cigarros rojos, como tú. Deduzco que tienes unos 36 años, conozco tu talla de pantalon, 30, y calculo un 38 de camisa. No eres un forro, eres delgado pero marcado, con vello liso y rojo en el pecho, ese que se asoma por tu camisa de vez en cuando, junto con tus pecas de granata.

Hay otras tantas cosas que conozco de tí y me avergüenza saberlas; como el número de placas de tu coche, el lugar donde trabajas, la generación cuando egresaste, el perfume sobre tu piel, el nombre de tu padre y el apodo con que te conocen, “Rojo”. Así de simple y de sencillo. Yo te diría “Hermoso”, “Precioso”, “Divino”, “Cariño”, “Mi niño” o como tú más gustes, la idea sería tenerte aquí, tomando café conmigo, sin necesidad de tablets ni tus amigos, menos de tu familia, sólo tú y yo, mirándonos tan diferentes pero tan queridos.

– Con permiso – Me dices con la voz más insigne y me muevo de lugar, pido mi moka frappé sin crema batida al mismo tiempo que te alejas para con ellos y volteas al sentir mi mirada. Ahora yo soy el rojo, mientras te vas.

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