Km 500.

1º Parte.

Siempre, aunque no lo quiera, regreso al mismo papel. Tomo mi maleta llena de condones, lubricantes y juguetes para embarcarme a la aventura de siempre con personajes diferentes.

Hoy el cliente es un viejo conocido, hace ya un años nos conocimos y fue bueno, un poco tosco, lo habitual para un hombre de negocios, pero bueno. Hoy encontró mi anuncio en esta ciudad y me reconoció. Sabe que soy yo pero no sabe de lo que huyo.

Llego al lugar acordado, una plaza comercial cerca de donde se hospeda. Hace mucho aprendí a ver al cliente en donde te puedas perder fácilmente si algo sale mal. Ataviado de negro, con jeans skinny y lentes oscuros, puedo confundirme entre la multitud si quiero pero en este caso ya me conoce, lo que lo hace más complicado y simple a la vez.

Se presenta de nuevo ante mí y no hago más que sonreír y le pido sutílmente ir directo al grano. No vengo a ser su amigo sino a sacarle a sus amigos.

Arribamos al hotel que está continuo, por la puerta lateral y subimos directo a la habitación. Cierra la puerta y empezamos a con el forcejeo. Él me había comentado por celular su inquietud de verme en jockstrap y hacerme un II romano , pregunto sobre el otro pero no hay nadie más que una caja larga con la imagen estampada de una chica sentándose en un consolador. Un consolador de 8 pulgadas.

Empieza a desvestirme y yo a él. Recuerdo sus músculos pero no tanto como su ligera panza y el grosor de sus vellos que recorren todo su cuerpo, en algunas zonas suaves, en otras duros y ásperos por rasurarlos. Es un simio con tatuajes por doquier, dos en el costado, un en la cadera y 2 ó 3 nuevos distribuidos en su pierna izquierda y espalda. Estos últimos los descubro a través del espejo, mientras me carga y estrella contra la pared.

<<¿Te molesta si te amarro?>> me dice al oído. – No, está bien, pero pon el dinero ahí – y señalo mi maleta con la mirada. Quita mis piernas de su cintura y se aleja hacia su cartera con la verga erecta y frunciendo palabras que no entiendo. Avienta el dinero al lado de la maleta y regresa a mí con una soga. Me toma de las muñecas y hace un nudo en ellas. Me veo a través del espejo, ahí parado contra la  pared, con su voluminoso cuerpo cubriendo mi costado izquierdo, sintiendo su pene erecto en él y el dildo enorme entre el muro y mi trasero. Ahora sólo tengo libres los pies y la mente. Solo pienso que pronto estaré más lejos del Don y más cerca de Pablo. Pronto, muy pronto.
<<¿Empezamos?>> – Sí, amo –

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