La canción

Tengo miedo de mi voluntad, sobre todo frente al mar. Me da miedo lo que puede hacer. Es tan extraña y fuerte.
Lo es aún más al juntarse con mi necesidad. Más ahora, frente del mar.
Los tres son tan inmensos. Tan fuertes. Tan indomables.
Los tres me hacen cantar canciones de cuna en la oscuridad.  Todas tan tiernas pero siempre iguales.
Cada una de ellas dice lo mismo. Todas cantan el mismo tema. Una y otra vez.
La dualidad.
Esa que guardan mi voluntad, mi necesidad y s0bre todo el mar.
Por eso las despierta, porque las hace sentir fuertes y poderosas. Las hace sentir todo lo que yo no permito.
El agua helada las despierta y crea remolinos de ideas. Juega con ellas. Se sacia de ellas.
El muy ingrato mar, con su canción de cuna, tan tierna y atrayente.
La canción que canta desde el fondo de su corazón.  Atrayente y sórdida, como las olas de espuma.
“Hay un silencio donde no ha habido ningún sonido
Hay un silencio donde ningún sonido puede ser
En la fría tumba, bajo el fondo del mar profundo”
La escucho siempre desde la costa. Aún desde mi cama pero elijo respirar despacio, con las pausas debidas y olvidarla.
Tomarla como un arrullo, como lo que es. Una canción de cuna larga. Sin ningún final.
Y vuelve a empezar.
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(Basado en The Piano de Jane Campion)

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