XY

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XY.

Con esa simple combinación empieza todo.

Después de detectarlo, voy diferenciando:

veo formas, noto aromas, observo modos;

todo para cazar a la presa.

Todo para saciar a la bestia.

XY

Rojo

Rojo que te quiero rojo.
Rojo viento. Rojas armas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
él sueña en su baranda,
roja carne, pelo rojo,
con ojos de cálido oro.
Rojo que te quiero rojo.
Bajo la luna gitana,
las cosas le están mirando
y él no puede mirarlas.

 (…)

Rojo que te quiero rojo.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde…?
Él sigue en su baranda,
rojo carne, pelo rojo,
soñando en la mar amarga.

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada.

Rojo que te quiero rojo,
rojo viento, rojas armas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de anís y hiel salada.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está mi niño amargo?
¡Cuántas veces culminó!
¡Cuántas veces te esperó,
cara fresca, negro pelo,
en esta roja estancia!

*

Sobre el rostro del aljibe
se mecía el gitano.
Roja carne, pelo rojo,
con ojos de encendidas llamas.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche su puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos,
en la puerta golpeaban al verlo en la cama.
Rojo que te quiero rojo.
Rojo viento. Rojas armas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña esperando tu llegada.

Interludio literario #3

(…)

La infidelidad es la fidelidad que la nada le guarda a la nada.

Puesto que cualquiera hubiera podido obrar el Milagro ¿qué parte le correspondía a Richard, qué parte a Philippe? El hechizo sólo estaba en mí, en mi imaginación, que les otorgaba importancia.

Entonces, ¿por qué no quedarse solo? Solo, yo solo, valgo más que todos, porque nadie es indispensable, porque todos no son sino “el Otro”, intercambiables hasta el infinito.

Me lo han dicho:

– Detrás de todos los rostros, tú solo amas “al mismo”.

Pero ¿de quién se trata?

En la voluptuosidad, como en todo lo demás, uno está a solas con su Sueño. Philippe y Richard no son sino encarnaciones de mi Doble, al que me uno en busca de una identidad.

(…)

Fragmento de Tiresias.

Marel Jouhandeau

Funeral Blues

Stop all the clocks, cut off the telephone,
Prevent the dog from barking with a juicy bone,
Silence the pianos and with muffled drum
Bring out the coffin, let the mourners come.

Let aeroplanes circle moaning overhead
Scribbling on the sky the message He Is Dead.
Put crepe bows round the white necks of public doves,
Let the traffic policemen wear black cotton gloves.

He was my North, my South, my East and West.
My working week and my Sunday rest,
My noon, my midnight, my talk, my song;
I thought that love would last forever; I was wrong.

The stars are not wanted now: put out every one;
Pack up the moon and dismantle the sun;
Pour away the ocean and sweep up the wood;
For nothing now can ever come to any good.

— W. H. Auden