Lamiendo

¿Alguien recuerda mi nombre?

Yo recuerdo todos pero dudo que alguien sepa el mío.

Recuerdo risas, gestos, caricias y mal alientos.

Recuerdo sabores, vellos incómodos y detalles más.

El nombre siempre aunque es algo que no compete.

Pero ¿alguien sabrá mi nombre? Apodos y cariños

sobran pero no sé quién soy entre tanto halago.

Se me perdió la razón entre las carnes y el ego creció

entre tanto sudor. Por eso siempre memorizo todo,

es lo que me mantiene firme, aunque duela, aunque estruje.

Es mi  pobre manera de amor  propio.

“¿Alguien recuerda mi nombre?”

Me digo desde adentro y sigo sonriendo y lamiendo.

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Km 500.

2° Parte.

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“Alguna vez me hicieron falta unas nalgadas”. Es lo que pienso en estos momentos de sadismo prepagado. O es lo que me gusta pensar mientras lo veo en el espejo, forcejeando contra mi hombría, tratando de dominarla a doble esfuerzo. Por un lado me controla por la boca, metiéndomela hasta la garganta y en el otro sentido, me nalguea hasta vérmelas rojas.

No digo que me disguste; el hecho de saberme deseado y poseído de mala manera juega con mi mente y la poca moral de mi cabeza. Los tabúes que quedan en ella son pocos, y más si hay dinero de por medio. Aquí es cuando dejo ir la conciencia de niño católico de buena posición por unos cuantos billetes y mucha diversión.

A mi edad, puedo presumir de haber sido partícipe de cuanta idea de peli porno haya visto o ideado. El único paso donde he dicho stop ha sido el fisting, y eso porque a veces le tengo respeto a mi cuerpo. Él lo sabe y por eso sólo acepté el II romano. Sino, ya me tendría el culo lleno de vaselina en vez de saliva, como justo lo empieza a hacer ahora. Yo de rodillas, con el pecho recostado contra la alfombra, mirando al espejo y él desnudo, raspándome el perineo con su barba de 3 días.

Sé que lo hace, por la sensación de irritación pero más porque me observo ahí, desnudo, atado de manos, ensuciándome el pecho, sin defensa alguna pero con poder único de desaparecer cabezas enteras entre las piernas. Primero la suya, que habla en un mal lenguaje, después una de plástico, la cual no habla pero hace maravillas y luego otra suya,  más pequeña pero mucho más pensante.

Me deja con ella dentro un rato; me toma de la cadera, me pone de lado. Hace un revés y de repente estoy sentado sobre él, dejando ver todo mi sexo abierto y poseyendo otro al mismo tiempo. Estoy ahí, como un monstruo de 4 piernas, 2 sexos y ningún brazo a la vista.

De pronto se sale y me deja ahí, sin poderme mover mucho pero sabiendo lo que vendrá. Ahora serán 3 sexos, el otro artificial. Pone la base del dildo en el piso y me ordena sentarme sobre él. A como puedo lo hago, poco a poco y luego sin darme cuenta, está completo, hasta siento sus fríos huevos contra mí. Gimo de placer, fingido pero no del todo. Tal vez se da cuenta y por eso me calla con su mano a la vez que se pone tras de mí. Es la hora y lo deja ir, primero el glande y después todo lo demás.

Siento sus venas, el hinchazón de ellas y el rugor del silicón simulando otras arterias. El placer se mezcla con el dolor al moverse y grito por dentro. El llorar es de novatas, el sorprenderse es de expertas. En vez de chillar, maúllo como gata en celo y digo estupideces para que termine pronto. No lo logro pero sí siento 2 pares de huevos golpeando contra mi sexo, unos por delante y otros por detrás.

Ya no puedo más pero sus gritos y la jalada de cabello me indican que terminará. Cuento “1, 2, 3” y en el 4 explota dentro con tanta fuerza que saca a su compañero de la jugada para empujarme de nuevo al piso, terminando en cuclillas, con la mejilla y rodillas rojas y el culo medio roto. Se sale sin avisar y solo respiro profundamente. Va al baño y me deja ahí, sin siquiera contemplarme. Escucho la regadera por unos segundos y sale, le hablo pero empieza a vestirse. Hasta que termina me desata sin dirigirme palabra.

 

– Fue bueno volverte a ver. – Es lo único que dice después de haber recogido mis cosas y abrirme la puerta. Salgo y al unísono cierra la puerta.

 

Bajo por el elevador, paso por el lobby y llego al mall. Aquí es donde vuelvo a ser yo y dejo atrás este negocio, al menos por hoy, cuando me siento unos pasos más lejos del pasado, aunque todo sea una charada.

Km 500.

1º Parte.

Siempre, aunque no lo quiera, regreso al mismo papel. Tomo mi maleta llena de condones, lubricantes y juguetes para embarcarme a la aventura de siempre con personajes diferentes.

Hoy el cliente es un viejo conocido, hace ya un años nos conocimos y fue bueno, un poco tosco, lo habitual para un hombre de negocios, pero bueno. Hoy encontró mi anuncio en esta ciudad y me reconoció. Sabe que soy yo pero no sabe de lo que huyo.

Llego al lugar acordado, una plaza comercial cerca de donde se hospeda. Hace mucho aprendí a ver al cliente en donde te puedas perder fácilmente si algo sale mal. Ataviado de negro, con jeans skinny y lentes oscuros, puedo confundirme entre la multitud si quiero pero en este caso ya me conoce, lo que lo hace más complicado y simple a la vez.

Se presenta de nuevo ante mí y no hago más que sonreír y le pido sutílmente ir directo al grano. No vengo a ser su amigo sino a sacarle a sus amigos.

Arribamos al hotel que está continuo, por la puerta lateral y subimos directo a la habitación. Cierra la puerta y empezamos a con el forcejeo. Él me había comentado por celular su inquietud de verme en jockstrap y hacerme un II romano , pregunto sobre el otro pero no hay nadie más que una caja larga con la imagen estampada de una chica sentándose en un consolador. Un consolador de 8 pulgadas.

Empieza a desvestirme y yo a él. Recuerdo sus músculos pero no tanto como su ligera panza y el grosor de sus vellos que recorren todo su cuerpo, en algunas zonas suaves, en otras duros y ásperos por rasurarlos. Es un simio con tatuajes por doquier, dos en el costado, un en la cadera y 2 ó 3 nuevos distribuidos en su pierna izquierda y espalda. Estos últimos los descubro a través del espejo, mientras me carga y estrella contra la pared.

<<¿Te molesta si te amarro?>> me dice al oído. – No, está bien, pero pon el dinero ahí – y señalo mi maleta con la mirada. Quita mis piernas de su cintura y se aleja hacia su cartera con la verga erecta y frunciendo palabras que no entiendo. Avienta el dinero al lado de la maleta y regresa a mí con una soga. Me toma de las muñecas y hace un nudo en ellas. Me veo a través del espejo, ahí parado contra la  pared, con su voluminoso cuerpo cubriendo mi costado izquierdo, sintiendo su pene erecto en él y el dildo enorme entre el muro y mi trasero. Ahora sólo tengo libres los pies y la mente. Solo pienso que pronto estaré más lejos del Don y más cerca de Pablo. Pronto, muy pronto.
<<¿Empezamos?>> – Sí, amo –

Interludio N6

To that lonely song
You’re the train that crashed my heart
You’re the glitter in the dark
Uh, Laura you’re more than a superstar
You’ll be famous for longer and then
Your name is tattooed on every boy’s skin
Uh, Laura you’re more than a superstar

Corazón

“Amor de mi vida”, “amor de mis amores”, “vida de mi corazón”, “corazón que sin tí no soy”

Son puras mentiras, guárdatelas mejor, yo sé qué quieres hoy

y no es mi amor ni mi corazón sino el culo que no te doy.

Así que dame eso que también quiero pero guárdate ya mismo

tus palabras que no te creo; mejor conjura tus acciones que hoy no duermo.

Dame por donde sabes, que te daré lo que sé darte; abusado

a mis movimientos que de aquí no sales vivo, mi niño,

sino con el muerto por dentro. Anda, vamos,

¡dale!, no tengo tu tiempo, hay fila para estar adentro.

¡Oh sí!, vidita, así, gózale, ¡vamos!, ¡no pares que me muero!

Son mis palabras al viento mientras tú te despabilas ávido y pendejo.

Me aburro cientos y todavía quedan 6 horas de asientos.

Te despido y paso a otro de prisa, lo siento,

la media hora de consuelo se ha agotado,

suerte a la próxima, gracias por participar; sacudo

las sábanas y el cinto del otro ya está en el suelo.

… “Amor de mi vida”, “amor de mis amores”, “vida de mi corazón”, “corazón que sin tí no soy”.