Desconocido

Sólo soy otro chico triste que amanece pidiendo amor.

Amor a las paredes, a la cama, y a ti, desconocido.

¿Qué acaso no todo está lleno de amor? Todo menos yo.

Trato de robarlo al humo de un cigarro, al respiro

de un aliento. Le pido al sol entre al cuerpo

y que la luna me dé de él en mis sueños.

¿Qué acaso no todo está lleno de amor? Todo menos yo.

Tal vez sea eso. Lo he perdido entre tanto amante

que la ración se ha agotado. Ya no hay más dentro

y cada uno de ellos lo ha robado de mi cuerpo.

¿Qué acaso no todo es amor? Aún el vacío

debería de tenerlo. Tal vez deba de buscarlo

callado en el fondo. El amor perdido y vaciado

habrá de recuperarse. Es cuestión de tiempo.

Mientras dormiré, soñaré con él y despierto

lo pensaré. Mientras haré lo mismo que todos

ellos. Lo tomaré de su cuerpo, lo beberé

de lo oscuro, será insertado en mi cuerpo.

Aún la espera desesperada debe de tener amor.

¿Acaso no, desconocido? Todo está lleno de amor.

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Castillos

El frío había terminado.

El calor de mi cuerpo era un todo con el tuyo.

Había una sonrisa en esa cara triste; una ilusión formándose en la boca.

La luz crecía con tu sonrisa. El amanecer por tus ojos nacía.

Era un respeto a tu ser completo.

Ahí estaba todo en conjunto;

formando un castillo que arena se hizo.

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Interludio Musical

Shotgun poetry
Crack the whip again, make me see
Sharpen your knives for me
Infiltrate the mind, the body
Body

Contract killer prose

Calmly walks away as blood flows

Open, the wound grows

Melts away the water froze

My love, my love, my love don’t love me

My love, my love, my love don’t love me

My love, my love, my love don’t love me

Casados. 1era parte.

– Mi esposa nunca me los ha lamido así – lo dice con una cara de satisfacción y pena que no puede con ella. Está erecto desde que llegó, lo noté en el pantalón; con un sólo roce lo puse a mil y desde el primer beso tembloroso supe qué pasaría.

– Nunca lo he hecho completo, me da miedo –

– Entiende mi situación, todo es complicado –

– No te enamores de mí, por favor –

Todo eso lo dice entre suspiros, gemidos, muchos “qué rico” ahogados y uno que otro “dame más”, “así, así” y “no pares”. Yo lo hago con placer y por placer; no porque me lo dicte. Alguna vez pensé que el hombre casado sabía más bueno pero no es cierto. Ni lo prohibido, ni el tabú lo enriquece, realmente es la necesidad de ambos de sentirnos queridos, aunque sea en un momento, a escondidas y sin ser uno del otro. Es esa necesidad de una caricia fraterna, de un beso del otro, de olvidar sus reclamos, sus quejas y al niño (en su caso). De olvidar la soledad, el cansancio y la tristeza (en el mío).

¿Será que ambos nacimos para no amar? Tal vez. Él por no escoger a quien realmente quiere. Yo por no poder escoger al correcto. Entre casados nunca terminaré bien, sólo acabaré vistiendo santos y desvistiendo padres. No lo sé. Es mejor no preocuparse por ello, es más, ni siquiera pensarlo. Tal vez nací para hacer feliz a la gente, feliz por 30, 40, 60 minutos. Feliz por mi boca, feliz por mi cintura, feliz por mis pies y feliz en la venida.

– ¿Me quieres coger? – pregunta mientras mi cara está entre sus nalgas. Nunca me lo había dicho y mi cadera responde con un sí. Un sí, sí, sí que se repite en cada vaivén. Él gime como loco, yo me vuelvo poderoso. Quizá no sea lo correcto, quizá no seamos el uno para el otro pero su cara de libertad y mi gesto de satisfacción lo dice todo. Es lo que debe pasar.

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Invierno

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Que el invierno viene frío, si me congelo al salir,

que si mis manos están resecas del viento,

si el sol está pero no calienta como ayer.

No importa eso, realmente no me importa

si el frío de mi alma nunca ha terminado,

si el vacío del cuerpo sigue consumado,

si la fuente de sueños se ha secado.

Ya no importa si el invierno es frío;

nunca he sentido otra cosa, ya no me importa.

Las palabras salen sobrando

 

revulva

Y mi madre pregunta por tí. No sé qué decir.

Podría soltar todas esas palabras para aligerar el dolor. Una a una, como un hilito de algodón que se decolora con el uso. Soltarlas en el aire hasta caer como lluvia de septiembre. Una lluvia ácida fulgurante en mi ahora iris rojo. Podrían ser como palomas estúpidas al volar, chocando con el cristal.

Esa sería la mejor descripción. Mis palabras saldrían disparadas, desordenadas, ya deshechas y revueltas en un llanto asfixiante, convirtiéndome en un asmático pidiendo auxilio en medio de un lugar de sordomudos.

 

Pero mi madre me sigue preguntando por tí. No sé qué decir.

La podría ignorar. Cubrir mis oídos con tapones, silicones u horribles canciones de desamor. De ese que siento tanto de un tiempo para acá. Odio, rabia, coraje; después unas ganas inmensas de llorar para volver a empezar. Odio, rabia, coraje y no parar hasta completar el ciclo, una y otra vez más.

 

Y sigue insistente, preguntándome por tí.

No le puedo hacer eso. Sé que no puedo desdeñar las cosas importantes. Por eso te recuerdo todavía. Por eso y porque soy un obsesivo. Un metiche. Un masoquista. Un idiota más que sabe cómo buscarte en todas partes y recordarte constamentemente sin razón y motivo. Un tonto más sin respuestas tan simples como “no sé de él”, “hace tiempo que no lo veo”, “quien sabe” .

No. Ese no soy yo. Mis respuestas serían largas, confusas, cretinas e insulsas en un mar de histeria.

 

Mi madre deja de preguntar por tí.

No es tonta y me conoce. Nota mi tardanza y mejor sigue en sus asuntos, sabe bien. Si su hijo no sabe ni quiere responder, a ella no le interesa la verdadera respuesta.

Entonces me abraza. Las palabras salen sobrando. El silencio entre ambos lo dice todo.

 

Mi madre nunca volverá a preguntar por tí.

Todas las noches te extraño

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Todas las noches te extraño.

Te busco en el cielo, zurcando el viento.

Quisiera encontrarte ahí mismo, cayendo

en picada hasta mi vientre en llamas

que no se apaga. Todas las noches

te extraño. Te busco en la oscuridad

de cada rincón,  pregunto por ti a

 conocidos y desconocidos. Trato

de encontrarte en sus alientos

pero en ninguno estás. ¿Existirás?

Todas las noches te extraño.

Un radar, un sonar, una brújula

deberían de acertar pero hay que

enfrentarlo, no estás.

Todas las noches te extraño

y en el día más, hora tras otra

pienso en ti. Tu cara, tu boca,

tus manos y un sinfín de cosas más.

Quisiera saber de ti pero no existes.

Si es que estás ahí, lee esta carta

y aparece rápidamente. No te conozco

pero sé que eres tú quien calmará esta infinita ansia.

Te extraño cada noche. Ven, no tardes.